Robótica Educativa: Los niños deben pensar, curiosear y, sobretodo, jugar

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A veces, nosotros como educadores, intentamos ser demasiado exigentes, sin entender que el alumno todavía no está en su punto óptimo para aprender. Siempre pongo el ejemplo de mi hija pequeña cuando intenté que aprendiera a llevar un triciclo. La primera vez, con dos años, la niña empujaba los dos pedales a la vez y por mucho que le intentaba explicar que debía empujar uno cada vez, no lo entendía. Abandoné y esperé casi un año. Con tres años, la subí la triciclo y ella sola comenzó a dar pedales y a moverse por la habitación.

Sin embargo, esta experiencia, que seguro que la ha vivido más de un padre, nos cuesta llevarla al ámbito educativo. Se ha demostrado, por ejemplo, que el cerebro no está preparado para aprender a leer ni a escribir hasta los 6-7 años, pero en España la gran mayoría de colegios empiezan este proceso sobre los 3-4 años. En Alemania, comienzan a leer precisamente a los 6 años por esta razón. Al final, tenemos que entender la educación como una carrera de larga duración que debe abarcar toda nuestra vida. Cuando tengamos 40 o 50 años, dará igual que hayamos aprendido a leer a los 3 o a los 7 años. Lo importante es que no hayamos dejado de aprender y de curiosear. El tópico de que nunca se debe dejar de aprender lo debemos interiorizar….. y, sobretodo, transmitir a nuestros alumnos. Tenemos que conseguir que nuestros alumnos se conviertan en investigadores de la ciencia, que intenten comprender cómo funcionan los aparatos que les rodean, desde una bicicleta a un móvil o un ordenador. Además, debemos hacer que el alumno piense con imágenes, porque así conseguiremos que su conocimiento se prolongue más en el tiempo y lo asimile. mejor.

Con los alumnos más conflictivos, es muy importante la observación y dedicarle tiempo de calidad al niño. Resulta muy contraproducente, como padres, mostrar apoyo y amor a los niños en función de los logros académicos. Es mejor que el niño se sienta aceptado por sus profesores, padres y por el resto de profesionales que le rodean en todo lo que hace y que, poco a poco, le llevemos a la dinámica que queremos que adquiera. Los cambios bruscos o las imposiciones por la fuerza suelen dar resultados a corto plazo pero perdemos la meta a largo plazo. De nuevo, debemos tener en mente en todo momento que el proceso educativo dura décadas y se expande a lo largo de toda la vida del alumno.

Cuidado con los deberes en exceso. Es siempre mejor dejar a los niños que  investiguen, creen, curioseen y, sobretodo, piensen. En los últimos años se ha puesto en boga el término gamificación, que no es más que un  conjunto técnicas propias de los juegos y el ocio en actividades no recreativas con el fin de potenciar la motivación, así como de reforzar la conducta para solucionar un problema u obtener un objetivo. Al margen del uso de términos sofisticados, lo que buscamos con la gamificación es captar la atención de los alumnos. Para ello, debemos reflexionar, como profesores si la forma en la que estamos trasmitiendo el conocimiento a nuestros alumnos es la adecuada.

Y es que, físicamente, para adquirir información novedosa, el cerebro tiende a procesar los datos desde el hemisferio derecho, que es el más relacionado con la intuición, la creatividad y las imágenes. Esta afirmación se comprobó empíricamente en 2010, cuando un grupo de investigación del Massachusetts Institute of Techonology (MIT), en Boston, colocó a un adolescente de 19 años un sensor electrodérmico en la muñeca de para medir la actividad eléctrica de su cerebro las 24 horas durante siete días. El análisis posterior de los datos les sorprendió enormemente, ya que se comprobó que la actividad cerebral del estudiante cuando atendía en una clase magistral era la misma que cuando veía la televisión, es decir, prácticamente nula.

En España, el 50% del tiempo de las clases de primaria en España se basan en transmitir información a los estudiantes de forma verbal, algo que en secundaria sucede el 60% del tiempo y en bachillerato casi el 80%. Esta forma de enseñar no es la más idónea según los últimos estudios de la neurociencia. Para conseguir una enseñanza óptima, el cerebro necesita emocionarse para aprenderSi quieres que tu hijo aprenda de verdad, tienes que cambiar la forma de estudiar

En ROBOTechnics, por ejemplo, empleamos cartas para enseñar a programar en Scratch o en Python a niños a partir de 7 años, donde asignamos categorías a las instrucciones y les damos un valor para que los alumnos puedan jugar e intercambiar cartas como lo hacen con las de fútbol o Star Wars. También buscamos que nuestras clases sean activas. Está demostrado que el cerebro aprende en movimiento, sin embargo, en la gran mayoría de las ocasiones, no dejamos a nuestros alumnos que se levanten de las sillas. Tenemos que hacer que jueguen y se lo pasen bien … pero siempre centrados en la temática que estamos enseñando en ese momento. La robótica y la programación permiten conseguir todo esto de forma inconsciente, permitiendo que el año adquiera conocimientos de matemáticas, física, electricidad, electrónica y, sobretodo, que piense de forma analítica.

Y, sobretodo, es muy importante que, como profesores, tengamos una aptitud de mejora continua y de innovación. En caso contrario, todo lo explicado no funcionará porque se acabará abandonando. La educación innovadora exige personal innovador, y exige un esfuerzo diario y continuado durante días, semanas, meses y años… por que no es nada fácil.

 


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